Últimamente los políticos se han vuelto una exhibición de mal gusto y ramplonería que asusta y avergüenza. No se puede creer que en Colombia, por un lado se esté luchando por convivir en Paz, y, por otro, existan individuos que, atropellando todas las reglas de las buenas costumbres y las del ejercicio responsable de la libertad de expresión; se dediquen a incitar a la violencia.
