Tanto
juego de palabras no podía pasar inadvertido en mis cavilaciones diarias y,
después de pensar sobre ello he sacado varias conclusiones acerca de las
palabras que me gustaría compartir. Y más las que me gustaría oír de los
líderes políticos de mí país que se han acostumbrado, al acercarse los eventos
electorales, a hacer uso de una descarga de palabras, agravios, insultos y
verborreas que desdicen de la riqueza de nuestro idioma: el Castellano, y de
las diversas formas de lenguaje que reconoce nuestra constitución en su
artículo 10.
